Enfrentando al estrés

El estrés ha sido un factor que ha estado presente en mi vida, sinceramente, desde que inicié con mi carrera universitaria en el año 2006. Antes de iniciar mis estudios a nivel profesional, llevaba una vida muy tranquila; de una adolescente común cuya única responsabilidad era estudiar en el colegio y hacer su mayor esfuerzo por obtener buenas notas y hacer sentir orgullosos a sus papás (sin embargo, a esa edad no te lo tomas tan en serio y llevas una vida más relajada).

Cuando inicié mi carrera universitaria, coincidió también con el inicio de mi carrera laboral en tiempo parcial, esto con el objetivo de adquirir experiencia, no en el ámbito profesional de la carrera que aún estaba iniciando a conocer, sino en el aspecto de cumplimiento de responsabilidades hacia otras personas que no son tu familia. Durante el primer año, mi pénsum era únicamente durante la jornada diurna, por lo que trabajé de recepcionista de un Centro Cultural para mujeres en horario de la tarde. Recuerdo muy bien que fue un cambio radical para mí, porque internamente comencé a presionarme con los tiempos. La posibilidad de llegar tarde a mi trabajo después de mis estudios era (en ese tiempo) ¡lo peor que me podía pasar! Porque daría la imagen de ser irresponsable, una persona que no se toma en serio las cosas y que no tiene sentido de compromiso.

En el ámbito laboral siempre me he exigido mucho (creo que es un factor que tengo por naturaleza y que no considero 100% positivo) y por ello, si algo me salía mal, si una de las personas que atendía quedaba insatisfecha, presentaba un reclamo o me atrasaba en contestar todas las llamadas, correos electrónicos, mensajes y entrega de papelería… para mí era un motivo de estrés suficiente porque mi percepción interior era que yo estaba haciendo mal las cosas en mi trabajo.

El pequeño porcentaje de estrés que empecé a incluir en mi vida comenzó a afectarme en mis estudios, fue algo que no pude controlar a la edad de 17 años, comencé a perder concentración y a adelantarme a los sucesos que iban a pasar por la tarde (eso es lo peor que podemos hacer como seres humanos) y eso no es sano desde ningún punto de vista porque nadie puede tener control sobre las cosas que aún no pasan, sobre un tiempo que aún no llega o existe.

De forma resumida, así fue mi primer año de estudios universitarios. Cuando inicié el segundo año de carrera, los cursos del pénsum comenzaban a ser cada vez más específicos y “complejos” por lo que decidí (con el apoyo de mis papás) dejar de trabajar y dedicarme únicamente a estudiar por los próximos dos años. Sin embargo, yo pensé que el factor estrés que viví durante el año previo iba a desaparecer, pero no fue así y creo que es responsabilidad totalmente mía. La misma exigencia personal que tuve en mi fugaz experiencia laboral la comencé a tener en mis estudios, porque el contexto de estudiar ya no era el mismo que en el colegio.

Cada vez comencé a tener más claro que mi futuro como profesional y como persona dependía en gran medida a que algún día me graduara de Ingeniera Química.  En ese momento también empiezan a hacer eco factores como: que estudias en una universidad privada, que tus papás están haciendo un esfuerzo por darte esa oportunidad y que no puedes desperdiciar los recursos a los que tienes acceso y que muchas personas en el país no tienen y desearían, entre otros. De forma personal, tomar conciencia de esos detalles, sumado a la complejidad de la carrera que estás estudiando (que es válido desde todos los puntos de vista en cualquier carrera) comienza a generarte estrés.

Recuerdo que el tercer y cuarto año de mi carrera fueron los más difíciles para mí a nivel de estudios y porque en el cuarto año también retomé mi área laboral (para no volver a detenerla) e inicié a trabajar en un lugar ya relacionado a mi carrera y dónde el nivel de exigencia y entrega de resultados era significativamente mayor a la pequeña experiencia del primer año. (Conforme vas creciendo te vas dando cuenta que lo vivido atrás a veces no fue “nada” comparado con las experiencias –buenas y malas- que esperan más adelante).

El estrés comenzó a afectar mi salud. Dolores de cabeza, ansiedad, problemas musculares, mal o falta de sueño, entre otros. Y por supuesto, esos no son síntomas agradables y que ninguna persona quiere pasar cuando tiene dos responsabilidades importantes diarias a la edad de 20 años. Comencé a tomar pastillas para concentración y relajación (recetadas), pero ¿qué tan saludable es eso? ¡No mucho… porque puedes llegar hasta el punto donde tu cuerpo dependa de ellas para poder funcionar y eso en ninguna parte del mundo podría ser sano, sobre todo cuando la causa es el estrés!

Conforme fue avanzando mi carrera universitaria y mi experiencia en el ámbito laboral fui enfrentándome a muchas y diversas situaciones que muchas veces no compartí con nadie y que me causaban preocupación, aflicción, ansiedad, estrés. En un determinado momento llegué a cuestionarme y afirmarme: ¿Voy a ser capaz de lograrlo?, ¡Ya no puedo más!, ¿Cómo expreso mis dudas a lo que estoy atravesando por estrés?. Sin embargo, no puedes considerar todas esas situaciones como causas o impedimentos para lograr los objetivos que te planteas, sabes que debes seguir adelante a pesar de todo, que tienes la capacidad como ser humano y sumado a la voluntad de querer hacer las cosas, creo que nada es imposible. Me gradué como Ingeniera Química en abril del 2012 a la edad de 23 años, con un trabajo estable y aplicando los conocimientos adquiridos en esa larga trayectoria. No es fácil (para nadie lo es) pero creo firmemente en la frase: “Querer es poder”.

Tengo la opinión muy personal, que el manejo de estrés depende totalmente de cada persona, de su personalidad, de su forma de ser, de la perspectiva con la que ve las cosas, del grado de importancia que le das a las situaciones que vas viviendo y otros factores; pero cuando por naturaleza, tienes cierta dificultad para poder controlar el estrés y eres consciente del daño que te hace física y mentalmente, te cuestionas y afirmas distintas cosas como: ¿Por qué me cuesta tanto no estresarme?, ¿Necesito ayuda profesional o medicinal?, ¿Qué puedo practicar o hacer para mejorar mi forma de ver las cosas?, ¿Vale la pena por lo que me estoy causando voluntariamente aflicción?…

Recientemente, leí dos libros que considero te dan una perspectiva distinta de cómo ver y afrontar las situaciones que te va dando la vida, y que por causa efecto, inciden positivamente en cómo controlar el estrés. Al leerlos te das cuenta que otras personas alrededor del mundo tienen historias impresionantes y que definitivamente pasaron por etapas de estrés y leer cómo las afrontaron y superaron, te aporta mucho. [Si salieras a vivir. Patricia Ramírez Loeffler – Becoming. Michelle Obama]

Otras actividades que comencé a realizar para lograr el control del estrés generado por trabajo, estudios, y que considero generan beneficio si las hacemos conscientemente:

  • Leer: Un buen libro del tipo o género que más te guste (físico o electrónico) que te atrape la historia; genera que te olvides por un tiempo de los pensamientos que te aturden durante el día. Adentrarte en la historia y sentir que eres tú, sinceramente desconecta tu mente y te cambia la visión de algunas cosas.
  • Dormir: es una práctica que todo ser humano necesita, pero creo que está subestimado el término. Un sueño realmente reparador es muy sano, poner tu mente en blanco o negro (el color que más te guste), olvidarte de todo y realmente descansar es algo que tu cuerpo siempre te va a agradecer.
  • Ve tu serie, película o programa favorito: No me refiero a pasar todo el día viendo televisión, pero va en contexto al primer punto, adentrarte en la historia de una serie que te gusta mucho, desconecta tu mente y genera cierto tipo de bienestar mental.
  • Hacer actividades que te gusten: Periódicamente, ve a nadar, bailar, cantar, practicar algún deporte, limpiar y organizar tus áreas, entre otras cosas.

Lo que trato de decir con los ejemplos anteriores, es que una de las mejores formas de manejar el estrés y que, personalmente me ha ayudado es: ¡Cuidar de ti! Física, emocional y mentalmente.

Y tú, ¿tienes otras sugerencias para manejar el estrés?

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