La segunda vuelta

Mi nombre es Laura, tengo 27 años y dirijo una organización que busca que el Estado sea más transparente, participativo e inclusivo. No siempre me interesé en la política, pero la vida poco a poco me fue acercando a experiencias que me marcaron mucho. Presencié las manifestaciones más crudas de la desigualdad y los efectos de la corrupción. Supongo que ello y mi vocación social, me llevaron por estos rumbos del activismo.

El monstruo más grande con el que he batallado y aún sigo haciéndolo, es la indiferencia, pero también entendí que llega un punto en que nadie quiere saber nada sobre política, no por ello las personas dejamos de ser ajenas a lo “político”, puesto que nuestro día a día depende de decisiones, tanto nuestras como del Gobierno. Y bueno, se acerca agosto y nuevamente nos enfrentamos a una gran decisión, y no me refiero al dilema de asistir a la feria o planificar que hacer para el “feriado del 15 de agosto”, sino a la segunda vuelta electoral. Seguramente hubo un cambio de expresión en tu cara, pero sí, el deber llama.

Luego de los resultados de la primera vuelta, dos cosas pudieron haberte pasado: uno, te sentís feliz y satisfecho porque tu candidato/a pasó a segunda vuelta o dos, te sentís decepcionado, enojado y muy probablemente indiferente ante lo que se venga. Para quienes se identifican con el primer escenario, ¡súper! no queda más que seguir apoyando y ejercer tu valioso derecho de votar (por el momento). Para quienes se identifican con el segundo escenario, calma, no todo está perdido.

Más allá de resaltar la importancia del voto como ejercicio ciudadano y democrático, pensémoslo como un juego de estrategia, en donde si bien no hemos ganado, aún continuamos jugando, tratando de preservarnos lo más que podemos. Si decidimos pasar (abstenernos de votar) nuestro turno, ello no implica que quedamos fuera del juego y que por lo tanto nuestra responsabilidad sobre el resultado quede libre de culpa. Al contrario, solo perdemos una gran oportunidad de que nuestros intereses sean representados; porque hasta mostrando nuestro desacuerdo (voto nulo/ en blanco), estamos reafirmando nuestra postura y eventualmente obligamos a los futuros gobernantes a contemplar la diversidad de exigencias existentes, de eso trata la democracia.

Nos enfrentamos ante un tablero difícil, donde no solo está en juego la presidencia y la estabilidad de los próximos 4 años, sino nuestra supervivencia cívica. Es decir, nuestra capacidad de hacernos escuchar y que nuestros intereses y deseos sean atendidos.

El siguiente turno será el 11 de agosto, ¿cuál va ser tu movida?

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