¿Por qué valdría la pena votar?

Bueno, ésta es una pregunta que debés contestar personalmente. Claro que podés consultar antes con tus familiares, amigos, catedráticos, conocidos qué piensan ellos y te podrían informar sobre las diversas propuestas que han presentado los partidos políticos, desde los tradicionales que llevan ya varios procesos electorales, hasta las nuevas opciones pero, más allá de las opciones que se nos presentan este año, ¿qué significado tiene el votar, qué historia hay detrás del voto?

Fuente: https://twitter.com/tseguatemala

Según la Ley Electoral y de Partidos Políticos, en la cual podés encontrar todo lo referente a las normas del proceso electoral y las que tienen que cumplir los partidos políticos para participar, el voto es un derecho y un deber de la ciudadanía. ¿Qué quiere decir esto? Bueno, básicamente, que hubo toda una lucha histórica de varios grupos para que hoy, nosotros, con 18 años cumplidos y en adelante, hombres y mujeres, podamos elegir a las personas que deberían velar por nuestros intereses y nuestras necesidades básicas. Y en estos dos puntos me voy a enfocar.

Como derecho, el de votar se ha peleado durante años, debido a que no toda la ciudadanía ha disfrutado de este. Por ejemplo, en Estados Unidos, en un principio, únicamente podían votar los hombres blancos que tuvieran propiedades, por lo que se excluía a las mujeres y a las personas afrodescendientes. Este último grupo, en su mayoría, estaba conformado por esclavos. En Guatemala, hasta 1945, las mujeres tampoco podíamos votar y, a partir de ese año, solamente lo podían hacer los hombres y mujeres que sabían leer y escribir. Fue 10 años después, en 1965, que tanto hombres y mujeres alfabetas y analfabetas pudieron votar. Pero esta apertura para que el voto se volviera universal, es decir, que toda la ciudadanía mayor de edad pudiera elegir a sus autoridades, solo se ha dado después de la lucha de miles de hombres y mujeres que han buscado que su voz se pueda escuchar en las urnas, que sean tomados en cuenta para la toma de decisiones. Muchos, incluso, fueron encarcelados durante el proceso, por ir en contra de las reglas, aunque injustas, establecidas en ese momento.

La idea de elegir a aquellos que cuenten con las mayores capacidades y tengan la experiencia que los ha hecho conocedores de la situación por la que atraviesa Guatemala se enmarca en “lo que debería ser”. Lamentablemente (y esto es algo que no solo pasa en Guatemala), lo que debería ser no es siempre lo que pasa y, por el contrario, llegan al poder personas que solo buscan beneficiarse personalmente del trabajo que las instituciones deberían hacer a favor de un mayor porcentaje de personas. Posiblemente, en el pasado, ese grupo de personas no habría tenido ni siquiera la posibilidad de votar, debido a sus condiciones de pobreza y de nulo acceso a la propiedad privada.

Tomando en cuenta toda esa lucha que miles de hombres y mujeres, a lo largo de la historia, han hecho para obtener y mantener su derecho al voto, es bueno agregar esa consideración cuando pensamos si vale, después de todo -y dejando los juicios de valor que cada una de las opciones políticas nos generan- verdaderamente la pena votar. Ejerzamos ese derecho que por las luchas pasadas tenemos muchos y muchas ciudadanas ahora.

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